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Lunes, 04 de Julio del 2011
(www.abc.es)
El día después sirve para ratificar al nuevo rey, héroe nacional en Serbia y analizado al milímetro por los especialistas. Novak Djokovic sonríe con su equipo y cuelga fotos con su tesoro más preciado, el título de Wimbledon, al tiempo que recibe un pastel en forma de uno con los colores de su país. «Aún estoy soñando», masculla, estirado en una lista que presenta un nuevo orden. Muchísimas semanas después (387) no mandan ni Roger Federer ni tampoco Rafa Nadal, genio ofuscado por Djokovic, a vueltas con un remedio para atajar una pésima racha de cinco finales perdidas. «Pierde quien llega a ellas», se justifica su entorno, desconectado una temporada para cargar pilas. Relax antes de buscar soluciones.
El lunes transcurre entre rumores y desmentidos. El equipo de Nadal niega rotundamente que el tenista tenga una fractura en su maltrecho pie e informa de que el 17 de julio volverá a los entrenamientos después de jugar el día antes un torneo de golf en Mallorca. Vacaciones con los amigos, tiempo para la pesca y otras diversiones con el único objetivo de refrescar las ideas. «Descansaré también mentalmente, que lo necesito. Soy el jugador que lleva más partidos este año y eso genera un desgaste», reconoció después de la final del domingo, estresado porque ha disputado 59 encuentros durante el primer semestre. «Todo sigue según lo previsto», añade su tío. Es decir, Nadal volverá a competir en Montreal.
Su temporada está siendo aseada y se liberó con su triunfo en Roland Garros, sexto mordisco en París y décimo grande de su carrera. Pero Nadal tropieza siempre en la misma piedra, reducido su protagonismo cuando Djokovic es el enemigo. «Aunque la temporada ha sido buena, hay una mancha en el calendario», sentenció el tío Toni en su resumen, la sinceridad hecha persona. «Tenemos que buscar una solución a estas derrotas. No será fácil porque el otro nos tiene tomada la medida y está jugando muy bien», sostiene.
Sublime Djokovic
En realidad, el sanedrín coincide en remarcar ese punto de elogio exagerado a Djokovic, con 48 victorias en 49 partidos en lo que va de año. «En siete meses, solo ha perdido una vez. Es impresionante. Esa estadística no la logró ni el mejor Federer, ni él ni nadie», apunta Jordi Arrese para ABC. «Está a un nivel sublime», coincide Emilio Sánchez Vicario. «Está siendo superior, no hay más secreto», aclara Toni Nadal. El mérito es de Djokovic.
La pregunta se repite en cualquier corrillo. ¿Empieza una nueva era en el tenis moderno? ¿Se ha acabado el debate en donde únicamente participan Nadal y Federer? Lo segundo se da por sentado porque Djokovic es algo más que el tercer hombre, clarísimo candidato para acabar el año como número uno porque mantiene una ventaja considerable (2.015 puntos sobre el español, 4.055 sobre el suizo). Lo segundo genera discusión. «Es quizá precipitado hablar de una era. De momento, su año es fantástico. Hay que ver cómo reacciona con vista a los próximos torneos y sobre todo el año que viene. Mantener el nivel actual es muy complicado», dice Sánchez Vicario. «Y tampoco se puede decir que sea a Nadal lo que Rafa es a Federer. La rivalidad irá a más y seguro que Nadal vuelve a ganarle», asegura. «Pero ahora la cosa cambia. Tendrá la presión de defender el número uno, y eso no es nada fácil. Ahora quiero verle», incide Arrese.
Por lo obtenido hasta ahora, Nadal tiene crédito infinito, aunque su tío y entrenador reconozca que no ha estado a la altura de las circunstancias en sus finales contra Djokovic. El domingo, se le esperaba con el rostro alegre con el que se le vio por Wimbledon, pero rememoró sin querer los chascos de Indian Wells, Miami, Madrid y Roma. «Tiene que pensar, recuperar fuerzas y en unos días ya veremos», insiste Toni Nadal. En el problema, que se llama Novak Djokovic, todos encuentran un aliciente. «Esas derrotas le tienen que motivar», concluye Arrese, «porque ha estado cerca del Djokovic más iluminado».
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